1.La trampa editorial

Existe una gran cantidad de editoriales que viven de la autoedición pero no lo hacen público. Es decir, promocionan su interés por encontrar escritores noveles y de talento para publicarles, pero a la hora de la verdad, excusándose de mil maneras, ofrecen al autor un contrato de coedición o de autoedición. Algunas utilizan determinados trucos para conseguir que el autor, plenamente convencido de que se le publica por la calidad de su obra, acabe firmando un contrato de autoedición: uno de los más comunes es, tras una valoración muy positiva de la obra y muchas loas y alabanzas, hacer trasladarse al escritor hasta la oficina de la editorial para firmar el contrato. Si el autor vive lejos, muchas veces firmará el contrato simplemente porque, ya que se ha dado el viaje, es tontería volverse sin nada, ¿no? La empresa sabe que, por vergüenza, el autor no dirá que su obra es autoeditada, por lo que ellos seguirán manteniendo un estatus de editorial tradicional.

 

2. Autoedición y coedición

¿Qué diferencia hay entre la edición normal, la coedición y la autoedición?

-En la edición normal, la editorial corre con todos los gastos y riesgos de la edición. Maquetación, diseño, promoción, impresión, todo queda en manos del editor. El escritor no tiene que pagar nada, y recibe compensación por su trabajo en forma de una cantidad fija o regalías (lo habitual es entre el 8 y el 12% de cada libro vendido, según la editorial y el formato del libro), que pueden pagarse de manera periódica o con adelanto. Muchas veces, los premios de los concursos literarios son realmente adelantos de dichas regalías, si la obra premiada va a publicarse. Para un autor novel acceder a un contrato con una de estas editoriales puede ser algo arduo, cuando no casi imposible. No obstante, cualquier autor, antes de recurrir a la autoedición, debería probar suerte con estas editoriales si cree que su obra tiene la calidad suficiente para formar parte del circuito comercial.

-En la coedición, los gastos y beneficios se reparten entre editor y escritor. A veces se trata de una acuerdo beneficioso para ambas partes (pagan la impresión al 50%, y los beneficios por venta también), pero puede también ser abusivo, disfrazándose de edición normal algo que está más cercano a la autoedición (recordemos a la célebre Editorial Garamond de El Péndulo de Foucault de Umberto Eco).

-La autoedición es, tal como suena, la edición pagada por el autor a una empresa profesional que se encarga de diseñar, maquetar e imprimir el libro del autor. Los precios de estos servicios varían mucho, y dependen en cierta medida de si la empresa incluye servicios como distribución y promoción. Generalmente, el autor recibe todos los beneficios de las ventas (descontando gastos burocráticos y de envío, o comisiones de intermediarios como puntos de venta o distribuidoras). Aunque esta opción requiere un desembolso significativo al inicio, también implica mayores ingresos posteriores: en vez de un 8%, por ejemplo, de la edición tradicional, el autor se queda con un 70-100% de cada venta si es él el que gestiona directamente la distribución (este porcentaje sería menor en caso de intervenir una distribuidora).

La primera opción es la más rentable: en cierta manera es como ser tu propio editor, ahorrándote por tanto los costes de intermediarios. Es como si personalmente buscaras un maquetador, una imprenta, un especialista en preimpresión y/o diseñador, un corrector y les pagaras para que hicieran tu libro. Por supuesto implica más trabajo por tu parte que con una editorial normal (probablemente tengas que vender personalmente tus libros), pero los resultados suelen ser bastante más productivos (el librero no hace el mismo caso al camión que llega, suelta libros de la distribuidora y se marcha, que al autor que viene personalmente a dejar sus libros en depósito. Esto, a su vez, genera una serie de ventas que las distribuidoras no pueden proporcionar).

Habiendo dejado clara la diferencia entre estos tres tipos de edición, es lógico pensar que una empresa que sea de un tipo y que se publicite como otro nos está engañando desde el principio.

 

3. La autoedición

En inglés, la autoedición se llama Vanity Press (“Impresión vanidosa”). Esto no es casualidad. Una de las diferencias significativas entre la edición normal y la autoedición es que la primera tiene un filtro exigente de calidad. Es comprensible, arriesgan su dinero y su tiempo. La autoedición publica casi cualquier cosa, ya que no arriesga nada. Sin embargo, muchas empresas de autoedición captan a sus clientes mediante esa vanidad de escritor que nos hace creer que nuestra obra es especial y mejor que todas las demás. Muchas ofrecen informes de lectura o valoraciones de las obras de sus clientes, creando la ilusión de que su obra ha pasado por un filtro y ha sido considerada digna de publicarse. Pero si el cliente es el que paga... ¿qué más le da a la empresa la calidad del libro? Es como si una empresa de telefonía le exigiera pasar un examen para usar una serie de servicios por los que usted paga. Podemos asegurarles que una empresa autoeditora que realice valoraciones jamás hará una valoración negativa de su obra. ¿Por qué? Porque no quieren perder un cliente por una mala reseña. Lo máximo que harán es “sugerir” que sería necesaria una corrección de estilo. ¿Por qué? Porque este es un servicio adicional que cobrarán religiosamente al autor (y las buenas correcciones de estilo no son baratas).

Este juego con la vanidad del autor se manifiesta en otro tipo de actuaciones. Se organizan presentaciones donde la empresa halaga el libro, llenando la sala de conocidos habituales que no tienen absolutamente ningún interés en la obra. Se crean reseñas espléndidas que son enviadas a los medios de comunicación, que ignoran sistemáticamente dichas reseñas ya que para ellos estos envíos no son más que correos no solicitados, es decir, spam. En resumen, el autor apenas vende libros, pero su ego está contento, durante un tiempo se ha sentido famoso, con éxito, que es a lo que aspira una gran cantidad de escritores que se decanta por la autoedición.


4.¿Me conviene la autoedición?

Sinceramente, si eres un experto maquetador (con dominio de Quark Xpress, Indesign, Scribus o similar), tienes nociones de diseño gráfico y preimpresión y conocimientos avanzados de ortografía, gramática y tipografía, es tontería que contrates a una empresa de autoedición. Lo ideal es que busques una imprenta económica y profesional y que hagas tú mismo tu libro. Si no, la autoedición puede ser para ti. Ten en cuenta que no basta con pasar tu obra en Word a cd y llevárselo a la imprenta, ellos te cobrarán un suplemento por maquetación y diseño que será equivalente, o mayor, que el de una empresa de autoedición, y seguramente no tendrás el mismo tipo de seguimiento personalizado que suelen ofrecer las empresas autoeditoras. Aparte, deberás ocuparte de los trámites legales, como son el ISBN, el depósito legal, etc., pero recuerda, si eres tú mismo el que lleva la obra a una imprenta, el ISBN que la Agencia Española te otorgará será de autoedición. ¿Qué quiere decir esto? Que con ese ISBN no podrás vender tu libro en ciertas librerías y no será válido para, por ejemplo, conseguir puntos en oposiciones.

Y ante todo, debes plantearte por qué quieres realmente publicar un libro. ¿Es para sentirte importante y admirado? ¿O es para poder compartir con tus amistades y familiares algo que es importante para ti? ¿Merece tu libro la oportunidad de estar en la estantería de alguien? Antes de lanzarte a la aventura de la edición en cualquiera de sus formas, conviene meditar en serio estas cuestiones. Cuanto más claro lo tengas, más difícil será caer en la trampa de tantas empresas que juegan con el narcisismo autorial para su propio beneficio.


5. Algunas cosas a tener en cuenta:

-Asegúrate de que la editorial con la que trabajas utilice números ISBN que no sean de autoedición por las razones que hemos especificado antes.

-Huye de cualquier editorial que te esté sugiriendo pagar por los trámites legales, o que incluyen estos como “oferta”: los trámites legales son totalmente gratuitos. Pueden cobrarte una cantidad simbólica por hacerte el papeleo, pero este es mínimo.

-Si firmas con una empresa de coedición o autoedición que cuente con distribución fíjate bien en sus puntos de venta: muchas veces son librerías “de barrio” o que pertenecen a la propia editorial aunque lo disfracen.

-Ante todo, sé realista. Vender libros cuesta. Las historias de libros que se han vendido simplemente por el boca a boca y sin ningún tipo de promoción son, en su mayoría, simples estrategias de márketing de las propias editoriales. Los best-sellers se venden gracias a inmensas y costosas campañas de publicidad, grandes premios literarios y, en el menor de los casos, un increíble golpe de suerte.

-En relación a esto, y si es tu primera publicación, no hagas una tirada de miles de libros por mucho que tu editorial de coedición o autoedición te asegure unas ventas espectaculares. Si las ventas van bien siempre tienes la posibilidad de reimprimir.

-Cuando estés negociando con una empresa, asegúrate de informarte de los precios de reimpresión. Una reimpresión ha de ser obligatoriamente más barata. Caso aparte es el de la reedición, en el que siguen teniendo que cubrirse gastos de maquetación y corrección.

-Infórmate bien de los servicios que incluye cada empresa en sus precios: a veces, las que presumen de ser las más baratas no cubren servicios fundamentales (como una corrección ortográfica, la tramitación legal o los gastos de envío) en su precio base.


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